Los bordes del fantástico: la literatura gótica.
¿Qué es la literatura fantástica?
De la literatura fantástica no se puede hablar sin hacer una referencia previa a la literatura gótica —más que a la literatura gótica, al impulso gótico—, que surge, para ubicarnos históricamente, al mismo tiempo que el Iluminismo del siglo XVIII. La primera novela gótica, El castillo de Otranto, es de Horace Walpole, un inglés, un lord parlamentario. Es una historia muy interesante porque tiene que ver con un sueño. Aparentemente, Walpole había soñado un castillo y, como era rico, decidió construirlo. Se compra entonces unos terrenos en las afueras de Londres —lo que es hoy Strawberry Hill— y se pasa treinta años contratando y echando sucesivamente a distintos arquitectos porque ninguno lograba plasmar su idea, el sueño que él había tenido. Esta en una especie de delirio. Hasta que una noche en que no puede dormir, se levanta y empieza a escribir. Escribe una novela, y la novela es el sueño. El castillo de Otranto fue publicada en 1764, en pleno Iluminismo.
¿Cómo se relacionan el gótico y el Iluminismo?
El Iluminismo, como su nombre lo indica, tiene que ver con el Siglo de las Luces, la razón, el ordenamiento del conocimiento, la categorización, la división de las ciencias, la enciclopedia, los diccionarios, los catálogos, la organización del conocimiento científico, etc. Mientras que el impulso gótico representa una especie de resistencia a la idea [de] que el mundo puede ordenarse. El gótico, básicamente, viene a decir que la luz no cubre todo el espectro de la experiencia humana: más bien es absolutamente parcial, deja afuera todo lo que se niega a ser clasificado. Después, eso toma muchos nombres: la noche, los sueños, la sexualidad. Y aparece como una especie de grieta, una herida que se abre en el costado del Iluminismo.
Es muy interesante porque, en general, cuando se dice «literatura gótica», la gente piensa en vampiros y sangre, pero en realidad el gótico es un impulso que propone toda una visión del mundo, de la condición humana y del arte. Y no es una casualidad que los surrealistas —Andrés Breton, por ejemplo, o poetas como Mallarmé— amaran esa literatura y, de hecho, la tradujeran a su idioma.El gótico atraviesa el Siglo de las Luces; después encuentra una casa en lo que se llama «el romanticismo frenético», que es una especie de romanticismo negro; encuentra un ala en la poesía de los cementerios de los poetas ingleses (los Himnos a la noche de Novalis o los Pensamientos nocturnos de Edward Young, por ejemplo) y en todo el círculo de los poetas de Heidelberg, en Alemania. Todo eso está absolutamente vinculado con el discurso gótico. Es su continuación, como lo es también, más tarde, el surrealismo. O sea que el gótico no es algo que empezó y terminó en el siglo XVIII sino que sigue atravesando/manchando, es como si fuera una sombra, la "claridad" de los discursos de la razón y la lógica, y está todavía hoy presente, incluso en muchas versiones de la ciencia ficción.
Lo interesante, me parece, es que esa sombra siempre está vinculada con algo «arcaico». Trae a la escena cosas que están escondidas, que tienen que ver con un secreto, algo que está pulsando desde abajo. En La caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe, esto se ve muy bien. El descenso, el secreto, el crimen innombrable son parte de los motivos del gótico, hacen a su morfología.¿Podrías hablar más de esos tópicos?
Sí, tomemos, para no ir más lejos, el caso de La caída de la casa Usher. En el cuento, el narrador ha recibido una carta de un amigo a quien no ve hace mucho y que le pide que vaya a verlo. Como casi siempre, hay una escritura que llama, una escritura que puede ser una esquela, un aviso en un diario, etc. La escritura funciona como una especie de imán que atrae al protagonista hacia un lugar donde algo de otro orden lo está esperando y para llegar al cual deberá cruzar una «frontera» o un umbral.
Y de pronto, helo ahí, en una casa muy particular. La morada gótica es siempre una morada en ruinas, una morada aislada, oscura, que está muchas veces rodeada de niebla o de hagoa, y cura característica principal es que es un personaje en sí. Digamos que la casa gótica es una casa animada, es una casa que tiene vida. Casi podría decirse que es como la mente: tiene cuartos, subsuelos, criptas, áticos cerrados con llave, niveles. En ella se pone en funcionamiento un movimiento de descenso. El paradigma es vertical. En la morada gótica se desciende y se desciende a lo que no se sabe. Lo que no se sabe es lo que está abajo, escondido. Hay que descubrir algo. Investigar y enfrentarse a un posible (¿olvidado?) crimen, cuya naturaleza se desconoce y que resulta siempre, de un modo u otro, vinculado a la sexualidad.
Extraído de Negroni, María (2011). Los bordes del fantástico. Entrevista. Cuadernnos Sigmund Freud. Dossier: «El fantasma: Lógica y destinos», N° 27 (Primavera): 279-291.